La libertad se compra con dinero

La independencia personal necesita de recursos, vamos que necesitamos manejar dinero para ser independientes, para ser libres y, lo de la libertad es más difícil si eres mujer. Me explico, actualmente, se estima que, en España, la brecha salarial de género es del 28%. En 2023 el 86,91% de las personas que solicitaron una excedencia para el cuidado de hijos e hijas eran mujeres y cifras similares podría aportar para ilustrar esa dificultad de la que les hablo. No, no estamos en el siglo XX, pero muchas mujeres de este siglo todavía conviven con nosotras, son nuestras abuelas y la mayoría no tiene más que una pensión no contributiva porque no han realizado un trabajo asalariado en su vida.

         ¿Creen que en este siglo las cosas han cambiado? Sólo hay que ver los datos, pero les concedo el “sí”. Es cierto y evidente que las mujeres tenemos derecho al trabajo, a gestionar una cuenta bancaria, a firmar un préstamo. Pero los derechos no siempre se ejercen plenamente. Y no, no todas las mujeres tienen la libertad de trabajar o tener una tarjeta de crédito. Si la libertad nos la da el dinero, también el dinero nos la quita o, mejor dicho, nos la quitan los hombres que quitan el dinero a las mujeres.

         Una de las formas más habituales y duras de violencia de género tiene que ver con el abuso económico. Los maltratadores cercenan la libertad a las mujeres privándolas de recursos económicos. A menudo, cuando se habla de dependencia económica se pone el foco sobre las mujeres como si de ellas fuera la elección de no tener autonomía, pero nadie quiere ser rehén de su pareja y, por desgracia, las víctimas de violencia de género lo son.

         Me he encontrado con mujeres que han trabajado gratis en las empresas de sus maridos, con mujeres que no trabajaban porque las habían convencido de que no les convenía, algunas debían justificar con tickets todo lo que compraban, las que podían ir a la compra solas, claro, porque otras no eran libres ni de comprar sus compresas. No estoy exagerando, más bien, diría que me quedo corta.

         Al mismo tiempo que escribo esto pasan por mi mente los nombres y las caras de estas mujeres. Mujeres que se enfrentaron a la nada tras salir de la espiral de violencia en la que vivían, pues, aunque se libraron de su maltratador, no consiguieron la libertad. Los 480 euros de la Renta Activa de Inserción a la que, con suerte, algunas de ellas acceden por su condición de víctimas, no llegan para pagar una casa y sus facturas. Y, así, es como este abuso lo sigue perpetuando también la administración. Por cierto, aunque les hable de abuso, no existe éste como forma de delito, en nuestro Código Penal, a pesar de las evidencias, la violencia económica no está tipificada.

Lourdes Pastor

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