La política que no nos cuida

Todavía resuena en mi cabeza el grito de auxilio de un camionero atrapado en la carretera a consecuencia del temporal que estos días nos ha desbastado. Fue el miércoles por la tarde, a través de la radio, donde relataba con angustia como él y varias personas más permanecían sobre el camión rodeado de un torrente de agua imparable que ya se ha cobrado más de 200 vidas. Este hombre, como tantos otros y tantas mujeres, se vio en esta situación porque la política y quienes la ejercen no lo cuidaron, no nos cuidaron, porque el cuidado no le importa lo más mínimo al neoliberalismo.

         Adam Smith trabajaba, comía, se vestía gracias a que su madre cuidaba de él. Pero el padre de la ciencia económica nunca tuvo esto en cuenta. Según su teoría, la comida de la mesa era fruto del trabajo “productivo” del carnicero o el panadero, no de quien la compraba y la cocinaba. Los cuidados quedaban fuera de la ecuación. Todavía hoy quedan al margen. Sin embargo, el trabajo de cuidar es fundamental para nuestra supervivencia, es el que nos mantiene con vida, pero es el peor valorado y, por supuesto, es un trabajo con rostro de mujer. Así pues, ¿qué razón iba a tener el gobierno de la Generalitat Valenciana presidido por un machista neoliberal para anteponer el cuidado a la producción en el día de mayor riesgo climático desde hace décadas?

         Las políticas de prevención son políticas de cuidado y, a veces, el cuidado radica en que, por un día, dos o los que hagan falta, dejemos de producir y nos quedemos en casa protegiéndonos. Una política con perspectiva de género habría apostado porque fuera así y habría sido más efectiva. Sin duda, hay desastres naturales que no se pueden evitar, pero se pueden prevenir y, de ser así, las consecuencias de esta DANA habrían sido otras, menos graves y menos dolorosas.

         Tenemos, por suerte, algún buen referente, pero quizá, nos queda lejos. En Nueva Zelanda, su ex primera ministra, Jacinda Ardern, se caracterizó por ser una líder cercana, previsora, cuidadora. Tuvo que gestionar situaciones muy críticas como el atentado terrorista en Christchruch, la erupción volcánica de la Isla Blanca o la pandemia de Covid-19. El feminismo y el cuidado estuvo presente en todos los casos, tanto en la prevención como en las consecuencias y la atención a las víctimas. En fin, nada parecido con lo ocurrido en la Comunitat Valenciana, donde hemos llegado a ver como la Consellera de Turismo se dirigía a las víctimas para prohibirles el acceso a las morgues a velar a sus seres queridos. “El mejor lugar donde pueden esperar las familias noticias de sus familiares es en sus domicilios”. Eso ha dicho. Está claro que, en esta forma de hacer política, no sólo no hay cuidado, es que ni siquiera hay consuelo.

Lourdes Pastor

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