Un lugar seguro

Chloe tenía 15 años. La asesinaron antes del 25 de noviembre. Leonor tenía 45 años. También fue asesinada. En este caso, después del 25 de noviembre. Antes, durante y después la violencia sobre las mujeres se hace presente en nuestras vidas. Los agresores machistas no entienden de reivindicaciones, igualdad, ni Día Internacional contra la Violencia de Género. Son terroristas, pero no actúan bajo el paraguas de ninguna organización armada, no tienen siglas con las que identificarse, simplemente se mueven por el odio hacia las mujeres y la superioridad moral que sobre nosotras creen tener.


ETA acabó con la vida de 853 personas en 43 años. El terrorismo desorganizado al servicio del machismo ha asesinado, en 20 años, a 1288 mujeres. Con el terrorismo de ETA se consiguió acabar en 2011 y España, desde entonces, es un lugar seguro para quienes lo sufrieron. En cambio, todavía no lo es para las mujeres. No estamos a salvo. No lo estamos ni tú, si eres mujer y lees esto, ni yo, ni nuestra vecina, hermana, porque ser mujer es un factor de riesgo y somos potenciales víctimas del terrorismo machista.

Puede que los crímenes más atroces sean los únicos que conozcamos porque son de los que hablan los medios, pero cada día, multitud de agresiones de diferentes formas y tipos se perpetúan sobre nosotras. Para comprobarlo, podría bastar con echar un vistazo al Instagram de Cristina Fallarás, por ejemplo. El lugar en el que cientos de mujeres cuentan sus experiencias como víctimas. El #MeToo abrió ese camino y les valió a muchas mujeres para reivindicarse y para denunciar, como en el caso de Giselle Pelicot en Francia, brutalmente agredida por su marido y decenas de hombres, que la vergüenza no es nuestra. La vergüenza es de ellos.

Sin embargo, mucho me temo que la vergüenza todavía no ha cambiado de bando, porque no hay un bando organizado al otro lado que se sienta perseguido, no actúan en la clandestinidad, no ocultan su identidad, ni renuncian a su vida habitual como sí lo hacen los terroristas de grupos paramilitares. Los asesinos machistas son los buenos vecinos que siempre saludan.

Así pues, el escenario sigue pintando mal para las mismas, porque, aunque contarlo en las redes está bien, estos no pueden ser los únicos espacios seguros para nosotras. La seguridad de las mujeres debe estar en el trabajo, en los colegios, en los juzgados, en los servicios de atención, en los centros de salud, en las comisarías. Reivindicar, gritar, manifestarnos, ocupar las calles en días importantes como el 25 de noviembre y el 8 de marzo sigue siendo necesario, pero todo no está en nuestras manos, las instituciones deben actuar y cambiar su estrategia y deben hacerlo ya, porque mañana será muy tarde para otras mujeres como lo fue para Chole y para Leonor.

Lourdes Pastor

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