Women Only

En Japón, desplazarse en metro o en tren es lo más fácil y habitual en el día a día de sus habitantes. El funcionamiento, la rapidez y la puntualidad del servicio es excepcional. Lo es, imagino, para quienes no somos de allí y no solemos acumular buenas experiencias con el transporte público en nuestro país. Sin duda, tras regresar de mi reciente viaje al país nipón, esta es una de las cuestiones que comentaba entre mis amistades. Pero las loas al servicio ferroviario japonés no se quedaron en el funcionamiento del mismo. Hubo una cosa que llamó poderosamente mi atención: los vagones reservados para mujeres.

         Sí, en los trenes japoneses existen espacios que sólo pueden ser usados por las mujeres. ¿Para qué? para preservar la seguridad de quienes son más vulnerables en los espacios públicos. Se trata de una medida de protección.

         Comentando esta cuestión con un amigo – hombre – percibí, rápidamente, algunos sesgos propios de alguien que no ha tenido que enfrentarse a ningún tipo de agresión sexual. En su reflexión venía a decir que si era una necesidad reservar un espacio a las mujeres para protegerlas se debía a que la sociedad japonesa es especialmente machista y se producen un gran número de agresiones en el transporte público.

         En parte no le falta razón. Pero también es cierto que todas las sociedades, no sólo la japonesa, son machistas y que, en cualquier parte del mundo, las agresiones machistas en los espacios públicos y privados están a la orden del día. También es verdad que, en materia legislativa, España es un país pionero en la aprobación de leyes para la igualdad de género y, en esto sí, les llevamos ventaja a Japón y a otros muchos países más cercanos.

         Sin embargo, la igualdad no se consigue sólo con leyes y todavía hoy, las acciones positivas como la reserva de espacios a mujeres sigue siendo una necesidad. Hace algunos años, de hecho, en el metro de Nueva York se lanzó una campaña contra el “manspreading”, para concienciar a los hombres de que juntasen las piernas al sentarse y dejasen de invadir el espacio y los asientos del resto del pasaje, del cual, las principales afectadas son las mujeres.

         A mis 40 años, gran parte de las agresiones machistas que he sufrido han tenido lugar en el transporte público: miradas lascivas e intimidantes, roces, acercamientos, tocamientos, agresiones verbales, incluso, en una ocasión, en un autobús un hombre se masturbaba mientras me miraba. Y ahí, no eres más que una rehén involuntaria, porque de un bus o de un tren no puedes saltar y escapar. Aunque, también les digo que, aun teniendo la opción de salir corriendo, no lo haríamos, porque cuando sufrimos una agresión de este tipo el miedo nos invade y nos paraliza. Así que, sí, tal vez necesitamos más espacios seguros, aquí, en Japón y en cualquier otra parte del mundo.

Lourdes Pastor

Respuesta

  1. Avatar de X

    “Aun teniendo la opción de salir corriendo, no lo haríamos, porque cuando sufrimos una agresión de este tipo el miedo nos invade y nos paraliza”

    ¿Y qué tal si en vez de seguir educando a la mujer en la victimización eterna, en la búsqueda de vagones reservados o en la inacción ante actitudes machistas, no educamos a mujeres valientes, fuertes, que no se sientan invadidas y paralizadas por el miedo, y que ante roces, acercamientos o masturbaciones públicas, reaccionen?

    Tienes razón, la igualdad no se consigue con leyes, se consigue con acciones, pero con acciones que dejen de mostrar a la mujer como un ser desvalido, miedoso y al que cualquier hombre tiene el poder de intimidar. A lo mejor un “¿Pero qué haces, hijo de puta?” al que se masturbaba en el autobús delante del resto de pasajeros es mucho más efectivo que el esconderse en un vagón sólo para mujeres.

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